21 diciembre 2012

malevich4
El viernes por la mañana, no volví a despertar. Fue como si la luz del universo se hubiera apagado para siempre. No terremotos, no volcanes, no bombas nucleares. Simplemente una profunda oscuridad y un silencio absolutos.  El temido fin del mundo no era otra cosa que pura quietud científica y matemática. Era como si la voz del mundo colectivo se hubiera expirado y no existiera ningún universo, ninguna galaxia, ningún pensamiento ni ningún átomo. Una inmovilidad que se prolongaría hasta el próximo Fin del Mundo.  Y entonces volveríamos de nuevo a la existencia material y las personas se asustarían de nuevo imaginando el Fin de sus Mundos silenciosos.

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