El entierro

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En el entierro ninguno de los presentes se conocía entre sí. Pero todos miraban al agujero como si dentro de él hubiera una catástrofe incomprensible. Algunos se vestían de negro y otros no. Había personas de todas las partes del mundo y muchas habían empleado varios días solo para asistir a aquella ceremonia simbólica. El agujero no se parecía al de las películas. No era ni tan poético ni tan geométrico. Y no había ningún cura, ningún monje, ningún rabino ni nada parecido allí. Sólo el maldito agujero y todas las miradas puestas en él. Como si aquella muerte fuera tan absurda que no había lugar en ninguna religión ni pensamiento para ella. Yo también estaba allí, hipnotizada por el evento y completamente conmocionada. Y uno por uno y sin mirarnos entre nosotros, simplemente fuimos caminando en silencio y en dirección al agujero para finalmente, arrojarnos a él.

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