La vasija

 

El bote de las palabras estaba vacío y necesitaba urgentemente escribir algo. Mire debajo del sofá, en el cajón de cosas inútiles, en los bolsillos de los pantalones viejos e incluso fui a ver a un amigo para que me prestara un par. Pero no hubo suerte. Realmente no supe que hacer, pues ya no tenía ni una palabra y el tiempo se agotaba. La angustia se retorcía en mi vientre como un feto deformado. Si hubiera tenido una hucha en forma de cerdo como en las películas, la hubiera roto con mis propias manos. Supongo que no me quedó mas remedio que vender el recipiente de oro que contenía las cenizas de mi difunto abuelo que E.P.D. Cualquiera en mi lugar hubiera hecho lo mismo, ¿No? Tiré las cenizas por el báter, y busqué en Google Maps la tienda de compraventa de joyas más cercana a casa. Y entonces me fui con la vasija al Compro Oro de la  Avenida Judas Iscariote. Justo después de la frutería, encontré el cartel amarillo y entré en aquella especie de cueva subterránea que parecía un centro de extracción de órganos más que una tienda. Era uno de esos lugares en los que tienes que picar al timbre para entrar y durante unos instantes pensé que no me iban a abrir. Me recibió una mujer que tenía todas las papeletas para llamarse Carmen o Antonia y a modo de bienvenida me lanzó una sonrisa acuchillada desde el otro lado del mostrador.

-Buenos días, ¿Que le trae por aquí?
-Hola. Mire voy a ir al grano. Tengo mucha urgencia en deshacerme de esta vasija. Es una antieguedad que perteneció a..
-Déjeme ver.

La vieja manipulaba la vasija como si se tratara de un aparato de la NASA estropeado. Sus uñas eran como cucarachas rojas que caminaban por la superfície del objeto. Lo analizó por dentro, por abajo, palpó los bordes e incluso sacó una pequeña lupa para examinar el material.

-Bueno, ¿Por cuánto está usted dispuesta a venderme este trasto?
-Necesito lo máximo posible. Tenga en cuenta que se trata de un objeto que tiene un valor sentimental muy importante para mí.
-Mi oferta es la siguiente: le ofrezco cuatro Entonces, tres Peros, ocho Quizás, un Había una vez y un Finalmente.
-Pero con esas palabras apenas podré sobrevivir.
-¿Lo toma o lo deja?
-Hecho.

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