Inspiración


Yo no. Yo no puedo evitar deleitarme a diario con el salvaje y brutal canto del butanero matinal. El cielo y el infierno, la tierra y el mar, el butanero y su cantar. Cada día es capaz de incorporar nuevos y deliciosos matices a mis oídos. Su canto desesperado es un reflejo de la vida desgarrada por la muerte a cada instante. Y que decir del taladro. Sí, el taladro sí. Él es aquel que penetra con la fuerza de un rinoceronte iracundo en las hermosas racholas barcelonesas, con esa suerte de inocencia y colosalidad luchando contra el cemento y rasgando con su divino impacto la tranquilidad y la armonía celestiales. Y sin más, sin saber por qué, una inteligencia recóndita acompaña todo este ostentoso concierto como si de una orquesta se tratase. Un grupo de entes que no alcanzo a ver, caminan arrastrando sus maletas y escupen palabras maravillosas y estúpidas a la vez, colmando de una especie de poesía absurda y fonética la totalidad de mi pensamiento. ¡Oh! Y los camiones de la BCNeta. Desembarcando con cánticos infernales como las tres carabelas de Cristóbal Colón en la plaza de abajo de mi casa, majestuosos y conquistadores se apoderan en la culminación de esta obra, del espacio virgen y corrupto, salvaje y contaminado en el que transcurre mi poética existencia.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. “Barcelona es una mueca cínica, en las comisuras de su boca la gente se ahoga entre lateros, turistas, garitos de alto standing delante de pisos insalubres”. Por cierto, yo quiero un butanero que me haga de cantamañanas!!

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