Mercedes

Cada Mañana, Mercedes se preparaba para cumplir su objetivo, pues sabía que estaba cerca. Muy cerca. Al levantarse subía la persiana y abría la ventana. Y miraba con ojos brillantes los tubos y la ropa tendida del patio de luces mientras se decía a sí misma: hoy es el día. Estaba a punto de alcanzar un tipo de armonía celestial completa tras milenios de guerras, catástrofes, hecatombes, imperios, masacres y plagas en la historia del tiempo. Mercedes se levantaba, se miraba al espejo por la mañana y pensaba entonces que sus ancestros simplemente habían sido demasiado ignorantes: ella tenía la verdad de la existencia. La piedra angular, la llave del nirvana, la consciencia cósmica.

Mercedes era entonces el ser humano final, la última versión de esa patética y asquerosa especie de homo sapiens sapiens que hasta ahora había estado en pruebas. Ella era un individuo super depredador inteligente, amable con el mundo y con todas las especies biológicas inferiores, multicultural, interactivo, creativo, curioso y con un alto sentido de la comunidad. Un animal perfecto. Y con ese sentimiento se ponía un poco de maquillaje en el espejo del ascensor y se iba a trabajar, Cada Mañana.

 

Les Douze Clefs de la Philosophie, de Basilius Valentinus
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